Di Candia, Josefina
Inicialmente pintora figurativa, empezo a desarrollar su pintura abstracta en el 2014, durante su residencia en la Cite Internationale des Arts, en Paris. Las obras pictóricas son atravesadas por las influencias de su temprana formación musical. La música, con sus sonidos y silencios, es esencial en su modo de percibir la realidad, agregando la parte teórica del estudio de las partituras que, generalmente, la composición refleja como un pentagrama, con sus ritmos, sus matices musicales, disonancias o melodías que son representadas tanto con los trazos, pinceladas, manchas…, como por la representación del color dependiendo de la música que se encarna en su pintura.
Su pintura es una escritura llena de frases; es una pintura de signos donde el color ejerce la fuerza del sentimiento, mientras la composición establece ese orden contradictorio a ese caos con su propio código de orden. El color, es la manera de sentir; es la felicidad de la expresión de la alegría, baile y celebración.
Los viajes realizados durante el 2024, desde Francia y su espléndida Paris, sus pequeños y maravillosos pueblos, luego pasando por Doha en Qatar con esa aridez de lo inventado y casi metafísica, hasta la exuberante Kuala Lumpur con su exotismo y lejanía cultural. La extrañeza de Sri Lanka en Colombo, ese calor rojo que hacía derretir cualquier pensamiento al igual de Kuala Lumpur, solo se percibe y se sobrevive a un entorno donde la Naturaleza al modo “romanticismo” extremo comanda.
Experimento la vegetación y la diversidad de toda Australia, percibio la luz en los distintos ambientes y paisajes, y sorprendió la frondosa Japón, que es como un viaje doble dentro de una película encontrada en algún lugar de una biblioteca deshabitada y detenida en el tiempo.
Todo ello le atravesó el cuerpo, vio y vivio la unión con una naturaleza por momentos virgen y salvaje.
Las luces y sus sombras, esas formas caprichosas, esos rastros sobre los cuerpos sólidos, la sombra como testigo de la luz y viceversa, dibujan un mapa que se define en sus contornos; la luz abraza la sombra y sus límites; se engarzan, se encastran en una comunión que se necesitan para existir.
La naturaleza siempre ha sido su fuente de inspiración en la pintura. Lo expone en la exuberancia de sus manifestaciones pictóricas, sus colores potentes, muchas veces irresistibles. El estímulo es absolutamente inmensurable. En esa pérdida de uno mismo se recibe la libertad de la existencia.
La existencia como el cúmulo de energía corporal, cuando nuestra casa es el cuerpo; el camino creativo del hacer se convierte en espiritual por medio de la pintura.