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Maradona y Cuba, Diego y Fidel

Diciembre 3, 2020


Un recuerdo personal y un análisis de la intensa relación del astro argentino con Fidel Castro y su país.


Testimonio

Maradona y Cuba, Diego y Fidel

Un recuerdo personal y un análisis de la intensa relación del astro argentino con Fidel Castro y su país.


 

 

 

 

 

 

 

Un día, al saber que era cubana, Maradona me mostró el tatuaje que se había hecho en la pantorrilla izquierda con la cara de Fidel y me dijo que debía hacerme uno igual. Coincidimos en Buenos Aires en un restaurante y uno de sus acompañantes era un periodista amigo que le contó que yo también era periodista, que había nacido en Cuba y había trabajado con Fidel Castro.

 

Dijo que al Comandante en Jefe también lo llevaba en el corazón y repitió eso de que debía hacerme uno igual. Yo sonreí y seguí mi camino. Mientras me iba, en voz baja, hice un comentario sobre su pedido que él escuchó y me gritó: "¡Te oí! ¡Te oí!". Le hice el signo de la victoria y el me respondió con el de fuck you. Fue la única vez que lo vi personalmente.

Con una diferencia de apenas cuatro años, Diego Armando Maradona murió el pasado 25 de noviembre, el mismo día que Fidel Castro. Recibí la noticia como todos: con sorpresa. Recuerdo que pensé que con el Che Guevara, tatuado en un antebrazo, y con Fidel, en la pantorrilla, el revolucionario Maradona entraba también de lleno en el panteón de mitos y héroes cubanos.

En un país como Cuba, donde el fútbol no es el deporte más relevante, tenía Diego el don de gente que a los nacidos en la isla nos encanta: la risa que rápidamente se convertía en carcajada, la facilidad para el chiste, la gracia para bailar, la empatía y una historia de superación que todos conocían. También el calvario de la droga, que en Cuba es sinónimo de capitalismo.

Sé que en la isla fue feliz y que de no haber muerto lo más probable es que hubiera regresado a ella. También sé que los cubanos lo iban a recibir con cariño y que todos habrían querido que se recuperará y no muriera.

La relación de Maradona con Cuba estuvo plagada de afinidades y contradicciones. Sus fotografías en la isla lo muestran en su esplendor y también en su decadencia. Algunas son muy conocidas, como sus encuentros con Fidel y sus partidos amistosos de fútbol.

Otras, que circulan masivamente por las redes sociales, dan cuenta del compañero Maradona, practicando deporte en lujosos campos de golf, como parte de un turismo de lujo no apto para cualquiera y otras, más nefastas y repudiables, rodeado de jóvenes desnudas, adolescentes cubanas. Las orgías y los amores habaneros durante sus internaciones en los 5 años que vivió en Cuba, circulan de boca en boca. Tres – después de su muerte se supo que pueden ser cuatro– son los hijos que supuestamente tuvo el ídolo con cubanas. Ninguno lleva su apellido.

En los últimos meses su final era anunciado por algunos cubanos dedicados a lo sobrenatural. Babalawos en la isla dejan correr la noticia sobre supuestos trabajos, hechos para cuidar la salud del Diego. De ser cierto el rumor, Maradona habría buscado la salud perdida en la ciencia y los médicos, pero también en la santería y el poder de los santos africanos, algo que también se dice hicieron Fidel Castro y Hugo Chávez.

La pitonisa, de origen cubano, conocida como Mhoni Vidente, había predicho a inicio de octubre el fallecimiento inminente del astro. Dijo: “yo le vi la carta de un diablo y de la muerte por una brujería que él mismo hizo y se le regresó”.

A Maradona le gustaba hablar sobre Cuba. Solía bromear entre sus amigos que tenía una propiedad cerca de La Habana. Se refería a su casa en Buenos Aires, en Segurola y Habana. Broma aparte, mientras se dilucida cuál es su herencia, se habla de un hotel de lujo 5 estrellas del cual nadie dice su nombre, un futuro emprendimiento hotelero que llevaría su apellido y una casa en el barrio habanero de Siboney que parecen ser las inversiones conocidas, hechas por él allá.

En la isla también aprendió de puros. Con Fidel hablaba de la calidad de los habanos cubanos hasta convertirse en un experto. Antes de morir había anunciado por sus redes sociales que estaba por invertir en un negocio con tabacos, producidos en México y comercializado por la compañía norteamericana, The Traveler, establecida en Miami.

No soy comunista, pero soy Fidelista hasta la muerte”, dijo en una ocasión ratificando su amistad con el máximo líder cubano.

El primer encuentro entre Maradona y el Comandante en Jefe fue el 28 de julio de 1987. Ese año el argentino viajó a Cuba a recibir el premio que la agencia Prensa Latina le había otorgado como mejor deportista.

Hay una historia que se cuenta de que Fidel alabó sus declaraciones a la revista norteamericana Playboy cuando Maradona les dijo: "Soy de izquierda, todo de izquierda, de pies, de fe, de cabeza”. Dicen que el futbolista miró al Comandante con cara pícara y que hasta le preguntó que, si además de su nota, había hojeado el resto de la revista.

En 1994, Maradona había terminado su carrera en las grandes ligas del fútbol y tenía sobre sí una sanción de la FIFA por dopaje durante el Mundial celebrado ese mismo año en Estados Unidos. Viaja a La Habana y Fidel lo recibe en el Palacio de la Revolución. En ese encuentro, el futbolista le regaló su camiseta de la selección argentina y a cambio recibió la gorra verdeoliva del comandante.

Dos veces trató de curarse en La Habana de su adicción a las drogas. En ambas tuvo la asidua visita de Fidel Castro. Estuvo en el centro internacional de salud La Pradera y en el Centro de Salud Mental (CENSAM), en el 2000 y en el 2004.

El 2005 fue un año importante: le hizo una larga entrevista a Fidel para su programa “La Noche del 10”. El Comandante –que no fue pródigo en entrevistas personales– contestó todo lo que le preguntó e hizo gala de su proverbial “labia”. Cuando el mundo anunciaba la muerte de Fidel en los primeros meses del 2015, este eligió dar a conocer parte de su intercambio epistolar para demostrar el hecho de que aún estaba vivo.

En una de las cartas, Fidel le cuenta sobre los países exportadores y productores de combustible, recuerda a Hugo Chávez, menciona la hora del vuelo del avión en el que llegaría Maradona a La Habana, le cuenta de una penalidad arbitraria al equipo de fútbol de Cuba en un campeonato deportivo Centroamericano y del Caribe, y pasa a otro tema y otro tema para despedirse: “Con un fuerte abrazo, maestro”. Cualquier semejanza con la carta de un padre a su hijo o amigo querido, es una realidad.

Maradona se encargó de garantizar la prueba de vida: “Querido Fidel,  el 11 de enero salí de Cuba con la felicidad de saber que estabas bien y con el orgullo de ser, una vez más, portador de tu mensaje, de tu eterna amistad y de tu preocupación por los problemas del mundo…” Días después vuelve a escribirle: “Fidel, si algo he aprendido contigo a lo largo de años de sincera y hermosa amistad es que la lealtad no tiene precio, que un amigo vale más que todo el oro del mundo, y que las ideas no se negocian” .

Cuando enterado de su muerte voló a Cuba, Maradona mencionó la palabra corazón muchas veces. “La leyenda sigue viva en nosotros, en los corazones que laten por Fidel”. “Quiero mandarle un gran saludo a todos los cubanos, decirle que mi corazón está con ellos”, afirmó. Murió de un ataque al corazón poco después de cumplir 60 años.

La imagen del cortejo fúnebre de Maradona, detenido, sin poder avanzar en una carretera argentina colapsada, me recuerda a otra: el vehículo militar que llevaba la urna con las cenizas de Fidel en Santiago de Cuba, también detenido, sin poder avanzar. Una última coincidencia entre ambos. Como si de alguna manera, quisieran demorar su desaparición en la tierra. A fin de cuentas sus funerales en féretros cerrados no dejaron poder despedirlos cara a cara.

Tal como dice el sociólogo argentino Esteban De Gori, “una muerte así, queramos o no, arrasa con todo porque algo de nosotros se va con su muerte".

Claribel Terré Morell. Nació en Cuba y vive desde hace 20 años en Buenos Aires. Es especialista en Políticas Culturales e Inclusión Social y Licenciada en Periodismo por la Universidad de la Habana
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